¡Dividir es divertido!
En este ejercicio, completa la tabla con los resultados de la división.
| Dividendo | Divisor | Cociente |
|---|---|---|
En este ejercicio, completa la tabla con los resultados de la división.
| Dividendo | Divisor | Cociente |
|---|---|---|
El respeto es una de las virtudes más importantes que debemos tener las personas. Respetar significa reconocer el valor de los demás, aceptar sus diferencias y tratarlos con amabilidad. Cuando respetamos a alguien, no lo insultamos, no lo humillamos, no lo lastimamos y no le quitamos lo que le pertenece.
El respeto también se aplica a nosotros mismos. Debemos respetar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestros sentimientos. No debemos hacer cosas que nos hagan daño o que nos pongan en peligro. Tampoco debemos dejar que nadie nos falte al respeto o nos trate mal.
El respeto se puede demostrar de muchas formas. Por ejemplo, podemos respetar a nuestros padres escuchando sus consejos y obedeciendo sus normas. Podemos respetar a nuestros maestros prestando atención en clase y haciendo las tareas. Podemos respetar a nuestros amigos compartiendo con ellos y ayudándolos cuando lo necesiten. Podemos respetar a los animales cuidándolos y no maltratándolos. Podemos respetar al medio ambiente reciclando, ahorrando agua y no tirando basura.
El respeto nos ayuda a convivir en paz y armonía con los demás. Cuando somos respetuosos, nos ganamos el cariño y la confianza de las personas que nos rodean. Además, nos sentimos bien con nosotros mismos y con nuestra conciencia. El respeto es un valor que debemos practicar todos los días.
Completa las siguientes oraciones con las palabras que faltan. Las palabras están en el cuento.
| Oración | Palabra |
|---|---|
| Respetar significa reconocer el _______ de los demás. | |
| Cuando respetamos a alguien, no lo _________, no lo humillamos, no lo lastimamos y no le quitamos lo que le pertenece. | |
| Debemos respetar nuestro ________, nuestra mente y nuestros sentimientos. | |
| Podemos respetar a nuestros padres escuchando sus _______ y obedeciendo sus normas. | |
| Podemos respetar a los animales cuidándolos y no ___________. |
Érase una vez una tortuga y una liebre que eran amigas. Un día, la liebre se burló de la tortuga por ser tan lenta.
- ¿Por qué no corres un poco más rápido? - le dijo la liebre - Así podrías llegar a tiempo a los sitios.
- No me importa ser lenta - respondió la tortuga - Lo importante es llegar a la meta.
- ¿Qué meta? - se rió la liebre - Tú nunca ganarías una carrera.
- ¿Quieres apostar? - retó la tortuga - Te desafío a una carrera hasta el árbol que está al final del camino.
- Está bien - aceptó la liebre - Será divertido verte perder.
Así que las dos amigas se prepararon para la carrera. Un pájaro que pasaba por allí se ofreció a dar la salida.
- ¡En sus marcas, listos, ya! - gritó el pájaro.
La liebre salió disparada como un rayo, dejando atrás a la tortuga. La tortuga empezó a caminar lentamente, pero sin detenerse.
La liebre estaba tan segura de ganar, que decidió tomar un descanso. Se tumbó bajo la sombra de un árbol y se quedó dormida.
La tortuga, mientras tanto, seguía avanzando con paciencia y constancia. Pasó por el lado de la liebre dormida y siguió su camino.
Cuando la liebre se despertó, vio que el sol estaba alto en el cielo. Se dio cuenta de que había perdido mucho tiempo y se levantó de un salto.
- ¡Tengo que llegar al árbol antes que la tortuga! - pensó la liebre.
Pero cuando llegó al final del camino, se encontró con una sorpresa. La tortuga estaba allí, esperándola con una sonrisa.
- ¡He ganado! - exclamó la tortuga - Te lo dije, lo importante es llegar a la meta.
La liebre se sintió avergonzada y reconoció su error.
- Lo siento, amiga - le dijo a la tortuga - Me he portado mal contigo. Has sido más inteligente y más valiente que yo. Te felicito por tu victoria.
- Gracias, amiga - le dijo la tortuga - No te preocupes, todos podemos aprender de nuestros errores. Lo importante es ser humilde y perseverante.
Y así fue como la tortuga y la liebre se reconciliaron y siguieron siendo amigas.
| Presente | Pasado | Futuro |
|---|---|---|
Luna era una niña muy curiosa que le encantaba mirar el cielo por la noche. Le fascinaban las estrellas, la luna y los planetas que brillaban con diferentes colores. Un día, decidió que quería conocerlos más de cerca y se puso a construir una nave espacial con cajas de cartón, botellas plásticas y papel aluminio. Cuando terminó, se puso un casco de astronauta que había hecho con un balde y se subió a su nave.
- ¡Despegue! -gritó Luna, mientras imaginaba que su nave salía disparada hacia el espacio. Pronto se encontró rodeada de estrellas y planetas. Estaba tan emocionada que no sabía por dónde empezar.
- ¿Qué tal si voy a visitar a mi amiga la Luna? -se dijo a sí misma. Así que dirigió su nave hacia el satélite natural de la Tierra, que la recibió con una sonrisa.
- ¡Hola, Luna! -la saludó la niña. -¿Qué tal estás?
- ¡Hola, Luna! -le respondió la Luna. -Estoy muy bien, gracias. Me alegra verte. ¿Qué te trae por aquí?
- Pues he venido a conocerte mejor y a ver qué hay en el espacio. ¿Me puedes enseñar algo?
- Claro que sí. Ven, te voy a mostrar el sistema solar, que es el lugar donde vivimos tú, yo y los demás planetas.
- ¡Qué bien! -exclamó Luna, entusiasmada.
La Luna le explicó a la niña que el sistema solar estaba formado por una estrella llamada Sol, que era el centro de todo, y ocho planetas que giraban alrededor de él: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. También le contó que algunos planetas tenían lunas como ella, y que había otros objetos más pequeños como asteroides y cometas.
- ¡Qué interesante! -dijo Luna. -¿Y podemos ir a verlos?
- Por supuesto. Vamos a empezar por el más cercano al Sol: Mercurio.
La Luna y la niña se pusieron en marcha hacia el primer planeta del sistema solar. Al llegar, vieron que era muy pequeño y rocoso, y que tenía muchas montañas y cráteres.
- Mercurio es el planeta más rápido del sistema solar -le dijo la Luna-. Da una vuelta alrededor del Sol en solo 88 días.
- ¡Guau! -se asombró Luna. -¿Y cómo es el clima aquí?
- Muy extremo -le respondió la Luna-. Como no tiene atmósfera, las temperaturas pueden variar mucho entre el día y la noche. Durante el día puede llegar a 430 grados centígrados, y durante la noche puede bajar a -180 grados.
- ¡Qué calor y qué frío! -exclamó Luna. -Creo que no me gustaría vivir aquí.
- A mí tampoco -coincidió la Luna-. Vamos a ver otro planeta más bonito: Venus.
Las dos amigas se dirigieron al segundo planeta del sistema solar. Al acercarse, vieron que era muy brillante y que tenía una capa gruesa de nubes blancas.
- Venus es el planeta más parecido a la Tierra en tamaño y forma -le explicó la Luna-. Pero no te dejes engañar por su aspecto. Es el planeta más caliente del sistema solar.
- ¿Más caliente que Mercurio? -preguntó Luna.
- Sí, mucho más -le confirmó la Luna-. Su atmósfera está compuesta principalmente por dióxido de carbono, que provoca un efecto invernadero muy fuerte. La temperatura media en Venus es de 460 grados centígrados, y no cambia mucho entre el día y la noche.
- ¡Qué horror! -exclamó Luna. -¿Y hay vida aquí?
- No, que yo sepa -le respondió la Luna-. Además, la presión atmosférica es 90 veces mayor que en la Tierra, lo que significa que sería como estar debajo del agua a un kilómetro de profundidad.
- ¡Qué agobio! -dijo Luna. -Mejor vamos a otro planeta más agradable: la Tierra.
La Luna y la niña se dirigieron al tercer planeta del sistema solar, que era el hogar de la niña. Al llegar, vieron que era muy hermoso y que tenía mucha variedad de paisajes: océanos, montañas, bosques, desiertos, etc.
- La Tierra es el único planeta del sistema solar que tiene vida -le dijo la Luna-. Aquí hay millones de especies de animales y plantas, y también humanos como tú.
- Sí, lo sé -dijo Luna. -Me encanta la Tierra. Es mi planeta favorito.
- A mí también me gusta mucho -le dijo la Luna-. Es el único planeta que tiene una luna como yo.
- Sí, eres mi luna -le dijo Luna. -¿Y sabes qué? Te pareces mucho a mí.
- ¿En qué? -preguntó la Luna.
- En que eres muy bonita y muy curiosa -le respondió Luna. -Y también en que te llamas Luna.
- Es verdad -rió la Luna-. Somos dos lunas muy especiales.
Las dos amigas se abrazaron y se miraron con cariño. Luego decidieron seguir con su viaje por el sistema solar.
Érase una vez un niño llamado Mateo que vivía en una pequeña ciudad rodeada de montañas. Mateo era un niño muy curioso y le gustaba explorar el mundo que le rodeaba. Le encantaba jugar con sus amigos, leer cuentos, dibujar y hacer deporte. Pero había algo que le costaba mucho: expresar sus emociones.
Mateo no sabía cómo decir lo que sentía en cada momento. A veces se sentía feliz, otras triste, otras enfadado, otras asustado, otras sorprendido... Pero no sabía cómo ponerle nombre a esos sentimientos ni cómo comunicarlos a los demás. Por eso, muchas veces se quedaba callado o se aislaba en su habitación.
Un día, mientras Mateo estaba en el colegio, el cielo se llenó de nubes grises y empezó a llover. Mateo miró por la ventana y vio cómo caían las gotas sobre los charcos. Se sintió triste y aburrido. Pensó que no podría salir a jugar con sus amigos ni disfrutar del sol. Suspiró y bajó la cabeza.
Pero entonces, algo llamó su atención. Al otro lado de la ventana, apareció un arcoíris brillante que iluminaba el cielo con sus siete colores. Mateo se quedó maravillado al verlo. Nunca había visto un arcoíris tan bonito y tan cerca. Se levantó de su asiento y se acercó a la ventana para verlo mejor.
Cuando lo hizo, el arcoíris le habló con una voz dulce y amable:
- Hola, Mateo. Soy el arcoíris de las emociones. He venido a ayudarte a entender y expresar tus sentimientos.
- ¿El arcoíris de las emociones? -preguntó Mateo sorprendido-. ¿Qué es eso?
- Soy un arcoíris mágico que aparece cuando alguien necesita aprender sobre las emociones. Cada uno de mis colores representa una emoción diferente. ¿Quieres que te las enseñe?
- Sí, por favor -respondió Mateo con curiosidad.
- Muy bien. Pues vamos a empezar por el rojo. El rojo es el color de la ira. La ira es una emoción que surge cuando algo nos molesta o nos hace daño. Nos hace sentir tensos, calientes y con ganas de gritar o golpear. ¿Recuerdas alguna vez que hayas sentido ira?
- Sí -dijo Mateo-. Una vez me sentí muy enfadado cuando mi hermano mayor me rompió mi juguete favorito sin querer.
- ¿Y qué hiciste?
- Le pegué un empujón y le dije que era un tonto.
- ¿Y eso te ayudó a sentirte mejor?
- No, al contrario. Me sentí peor. Mi hermano se puso a llorar y mi mamá me regañó.
- Ya veo. Pues te voy a dar un consejo para la próxima vez que sientas ira: respira hondo, cuenta hasta diez y trata de calmarte. Luego, explica lo que te ha molestado con palabras respetuosas y busca una solución pacífica. Así evitarás hacer o decir cosas de las que luego te puedas arrepentir.
- Gracias, arcoíris. Lo tendré en cuenta -dijo Mateo.
- De nada, Mateo. Ahora vamos a seguir con el naranja. El naranja es el color de la alegría. La alegría es una emoción que surge cuando algo nos gusta o nos hace felices. Nos hace sentir contentos, animados y con ganas de reír o saltar. ¿Recuerdas alguna vez que hayas sentido alegría?
- Sí -dijo Mateo-. Una vez me sentí muy feliz cuando mi papá me regaló una bicicleta nueva por mi cumpleaños.
- ¿Y qué hiciste?
- Le di un abrazo y le dije que lo quería mucho. Luego salí a dar una vuelta con mi bicicleta y me lo pasé muy bien.
- ¿Y eso te ayudó a sentirte mejor?
- Sí, mucho. Me sentí muy agradecido y orgulloso de mi regalo.
- Me alegro. Pues te voy a dar un consejo para la próxima vez que sientas alegría: comparte tu felicidad con los demás. Cuenta lo que te ha pasado, sonríe, da las gracias, haz un cumplido... Así contagiarás tu alegría a los que te rodean y harás que el mundo sea un poco más feliz.
- Gracias, arcoíris. Lo haré -dijo Mateo.
- De nada, Mateo. Ahora vamos a continuar con el amarillo. El amarillo es el color del miedo. El miedo es una emoción que surge cuando algo nos asusta o nos amenaza. Nos hace sentir nerviosos, fríos y con ganas de huir o escondernos. ¿Recuerdas alguna vez que hayas sentido miedo?
- Sí -dijo Mateo-. Una vez me sentí muy asustado cuando vi una película de terror con mis amigos.
- ¿Y qué hiciste?
- Me tapé los ojos con las manos y me acurruqué en el sofá.
- ¿Y eso te ayudó a sentirte mejor?
- No, nada. Seguí sintiendo miedo toda la noche y no pude dormir.
- Vaya. Pues te voy a dar un consejo para la próxima vez que sientas miedo: busca apoyo en alguien de confianza. Cuéntale lo que te asusta, pídele ayuda, abrázale... Así te sentirás más seguro y protegido. También puedes pensar en cosas positivas o divertidas que te hagan olvidar el miedo.
- Gracias, arcoíris. Lo intentaré -dijo Mateo.
- De nada, Mateo. Ahora vamos a pasar al verde. El verde es el color de la tranquilidad. La tranquilidad es una emoción que surge cuando estamos relajados y en paz. Nos hace sentir serenos, frescos y con ganas de descansar o meditar. ¿Recuerdas alguna vez que hayas sentido tranquilidad?
- Sí -dijo Mateo-. Una vez me sentí muy tranquilo cuando mi abuela me leyó un cuento antes de dormir.
- ¿Y qué hiciste?
- Le escuché atentamente y cerré los ojos.
- ¿Y eso te ayudó a sentirte mejor?
- Sí, mucho. Me quedé dormido enseguida y tuve unos sueños muy bonitos.
- Qué bien. Pues te voy a dar un consejo para la próxima vez que sientas tranquilidad: disfruta de ese momento y de tu respiración. Siente cómo el aire entra y sale de tu cuerpo, cómo se relajan tus músculos, cómo se calma tu mente... Así podrás liberar el estrés y recargar las energías.
- Gracias, arcoíris. Lo haré -dijo Mateo.
- De nada, Mateo. Ahora vamos a seguir con el azul. El azul es el color de la tristeza. La tristeza es una emoción que surge cuando algo nos duele o nos decepciona. Nos hace sentir apagados, pesados y con ganas de llorar o aislarnos. ¿Recuerdas alguna vez que hayas sentido tristeza?
- Sí -dijo Mateo-. Una vez me sentí muy triste cuando mi mejor amigo se mudó a otra ciudad y no pude despedirme de él.
- ¿Y qué hiciste?
- Me encerré en mi habitación y lloré durante horas.
- ¿Y eso te ayudó a sentirte mejor?
- No, al contrario. Me sentí más solo y vacío.
Lee el siguiente texto y responde las preguntas que aparecen al final.
Érase una vez un molinero que tenía tres hijos. Al morir, dejó su molino al mayor, su burro al mediano y su gato al menor. El menor se lamentó de su herencia, pues creía que su gato no le serviría de nada. Pero el gato le dijo que no se preocupara, que él le haría rico si le conseguía un par de botas y una bolsa.
El joven le hizo caso y le compró las botas y la bolsa al gato. El gato se calzó las botas, se colgó la bolsa al cuello y se fue al campo a cazar. Metió en la bolsa un conejo y se lo llevó al rey, diciéndole que era un regalo de su amo, el marqués de Carabás. El rey quedó muy agradecido y le dio las gracias al gato.
El gato repitió esta estrategia durante varios meses, llevando al rey todo tipo de animales que cazaba en nombre del marqués de Carabás. Un día, se enteró de que el rey iba a pasear por el río con su hija, la princesa. Entonces, le dijo a su amo que se bañara en el río y que hiciera lo que él le dijera.
Cuando el rey pasó por allí, el gato empezó a gritar: -¡Socorro! ¡Que se ahoga el marqués de Carabás! El rey reconoció al gato y ordenó a sus guardias que rescataran al joven. El gato le dijo al rey que unos ladrones le habían robado la ropa a su amo mientras se bañaba. El rey mandó traer un traje nuevo y muy elegante para el supuesto marqués.
El joven se vistió con el traje y se presentó ante el rey y la princesa. El rey quedó impresionado por su belleza y su cortesía, y la princesa se enamoró de él al instante. El rey invitó al joven a subir a su carruaje para pasear con ellos.
El gato, muy astuto, se adelantó al carruaje y llegó a unos campos donde los campesinos segaban el trigo. Les dijo que si el rey les preguntaba de quién eran esos campos, debían responder que eran del marqués de Carabás, o si no los mataría. Los campesinos, asustados, hicieron lo que el gato les dijo.
Cuando el rey pasó por allí, preguntó a los campesinos de quién eran esos campos tan bonitos. -Son del marqués de Carabás -respondieron ellos. El rey se alegró mucho y felicitó al joven por sus posesiones.
El gato hizo lo mismo con otros campos, pastos y molinos, hasta llegar a un gran castillo que pertenecía a un ogro muy malvado y poderoso. El gato entró en el castillo y se encontró con el ogro, que estaba sentado en su trono.
-Buenos días, señor ogro -dijo el gato con respeto-. He oído decir que usted tiene el don de transformarse en cualquier animal que quiera.
-Es cierto -dijo el ogro-. Y para que veas, me voy a convertir en un león.
El ogro se transformó en un león y rugió con fuerza, haciendo temblar el castillo. El gato se asustó mucho y le pidió que volviera a su forma original. El ogro accedió y se convirtió de nuevo en un ogro.
-¡Qué poder más grande tiene usted! -dijo el gato-. Pero, ¿podría también transformarse en un animal pequeño, como un ratón?
-Claro que sí -dijo el ogro-. No hay nada que se me resista. Y para que veas, me voy a convertir en un ratón.
El ogro se transformó en un ratón y empezó a correr por el suelo. El gato aprovechó la ocasión y se abalanzó sobre él, dándole un mordisco y acabando con su vida.
En ese momento, llegó el rey al castillo y el gato salió a recibirlo, diciéndole que ese era el castillo del marqués de Carabás. El rey quedó maravillado por la grandeza y la riqueza del castillo, y le dijo al joven que si quería casarse con su hija, él le daría su bendición. El joven aceptó encantado y se casó con la princesa. El gato se quedó a vivir con ellos y fue muy feliz.
Lee el siguiente texto y responde las preguntas que aparecen al final.
Una liebre se burlaba de una tortuga por ser tan lenta y pesada. La tortuga, cansada de sus insultos, le propuso una carrera. La liebre aceptó, segura de su victoria. Eligió un camino largo y recto, y acordaron que la meta sería un árbol muy alto que se veía a lo lejos.
La carrera empezó y la liebre salió disparada como una flecha. La tortuga avanzaba lentamente, pero sin detenerse. La liebre, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió descansar un rato bajo la sombra de un árbol. Se quedó dormida, confiada en que podría alcanzar a la tortuga cuando quisiera.
La tortuga, mientras tanto, seguía su camino con paciencia y constancia. Pasó al lado de la liebre dormida, pero no se detuvo ni se distrajo. Siguió caminando hasta llegar al árbol que era la meta. La liebre se despertó al rato y se dio cuenta de su error. Corrió lo más rápido que pudo, pero ya era tarde. La tortuga había ganado la carrera.
Lee el siguiente texto y responde las preguntas que aparecen al final.
Un león dormía tranquilamente en la selva, cuando un ratón empezó a jugar encima de él. El león se despertó y atrapó al ratón entre sus garras. El ratón, asustado, le pidió perdón y le rogó que lo dejara ir, prometiéndole que algún día le devolvería el favor. El león se burló de la idea de que un ratón pudiera ayudarle, pero decidió soltarlo.
Pocos días después, el león cayó en una trampa tendida por unos cazadores. Los cazadores se fueron a buscar un camión para llevarse al león, mientras él rugía y se debatía para liberarse. El ratón escuchó los rugidos y corrió a ver qué pasaba. Al reconocer al león, decidió ayudarlo y empezó a roer las cuerdas que lo ataban. Pronto, el león quedó libre y agradeció al ratón su ayuda. Así, el ratón cumplió su promesa y demostró que los pequeños también pueden ayudar a los grandes.
Érase una vez un zorro que paseaba por el campo, cuando vio un racimo de uvas colgando de una parra. El zorro se sintió atraído por el aspecto jugoso y dulce de las uvas, y se dijo a sí mismo:
- ¡Qué suerte he tenido! Voy a comerme esas uvas y a saciar mi sed y mi hambre.
Y el zorro se acercó a la parra y saltó con todas sus fuerzas para alcanzar las uvas, pero no pudo llegar a ellas. Volvió a intentarlo una y otra vez, pero siempre se quedaba corto. Cansado y frustrado, el zorro se alejó de la parra y dijo:
- Bah, no me importa. Seguro que esas uvas están verdes y agrias. No las quiero ni regaladas.
Y el zorro se marchó, tratando de consolarse con su orgullo herido.
Érase una vez una cigarra que cantaba alegremente durante el verano, mientras una hormiga trabajaba sin descanso para almacenar comida para el invierno. La cigarra se burlaba de la hormiga y le decía:
- ¿Por qué trabajas tanto, hormiguita? Ven y diviértete conmigo. El verano es para disfrutar, no para sufrir.
- No, gracias - respondía la hormiga -. Yo prefiero trabajar y ahorrar. El invierno está cerca y pronto hará frío. ¿Qué harás tú cuando no haya nada que comer?
- No me preocupo por eso - decía la cigarra -. El invierno está lejos y seguro que algo se me ocurrirá. Ahora déjame cantar, que eso es lo que me gusta.
Y la cigarra seguía cantando, mientras la hormiga seguía trabajando.
Pero el verano pasó y llegó el otoño, y luego el invierno. La temperatura bajó y la nieve cubrió el suelo. La cigarra no tenía nada que comer y empezó a tener hambre. Recordó entonces a la hormiga y pensó que tal vez ella podría ayudarla. Así que fue a su casa y llamó a la puerta.
- ¿Quién es? - preguntó la hormiga desde dentro.
- Soy yo, la cigarra. Por favor, ábreme. Tengo frío y hambre - dijo la cigarra.
- ¿Frío y hambre? - dijo la hormiga -. ¿Y qué has hecho durante el verano?
- He cantado - dijo la cigarra.
- ¿Has cantado? - dijo la hormiga -. Pues ahora baila.
Y la hormiga cerró la puerta y dejó a la cigarra fuera. La cigarra se dio cuenta de su error y se arrepintió de no haber sido más previsora. Pero ya era tarde.
Selecciona los verbos que faltan en el texto y escríbelos en los espacios correspondientes.
Verbos: llamar, llover, poner, dormir, sentir, ser, estar, casarse, buscar, contar
Érase una vez un príncipe que quería _________ con una princesa de verdad. Pero no podía encontrarla, porque todas las que conocía le parecían falsas o mentirosas. Así que decidió viajar por el mundo para _________ a su princesa ideal.
Un día, después de mucho viajar, volvió a su castillo sin haber encontrado a su princesa. Estaba muy triste y desilusionado. Esa noche, mientras cenaba con sus padres, el rey y la reina, se oyó _________ a la puerta. El rey mandó abrir y vio a una joven muy hermosa, pero empapada y sucia.
- ¿Quién eres y qué quieres? - le preguntó el rey.
- Soy una princesa y vengo a pedirles alojamiento - dijo la joven -. He _________ por una tormenta terrible y no tengo dónde _________.
- ¿Una princesa? - dudó el rey -. No lo parece. Estás hecha un desastre.
- Es verdad, soy una princesa - insistió la joven -. Por favor, creanme y ayúdenme.
El rey y la reina no sabían si creerla o no, pero decidieron acogerla por compasión. La llevaron a una habitación y le prepararon una cama muy alta y mullida, con veinte colchones y veinte edredones. Pero debajo de todo eso, la reina _________ un guisante pequeño y duro.
- Si es una princesa de verdad - pensó la reina -, _________ el guisante a través de todos los colchones y los edredones. Y si no lo siente, es que no es una princesa de verdad.
La joven se acostó en la cama y trató de _________. Pero no pudo pegar ojo en toda la noche. Algo duro le molestaba en la espalda y no la dejaba descansar. Se dio vueltas y más vueltas, pero no consiguió _________ cómoda.
A la mañana siguiente, el rey y la reina le preguntaron cómo había dormido.
- Muy mal - dijo la joven -. No sé qué había en la cama, pero me ha hecho daño en todo el cuerpo. Parece que me han dado una paliza.
Al oír esto, el rey y la reina se miraron con sorpresa. Luego se volvieron hacia el príncipe y le dijeron:
- Hijo, esta joven es una princesa de verdad. Solo una princesa de verdad puede _________ un guisante debajo de veinte colchones y veinte edredones. Te la hemos _________ sin saberlo.
El príncipe se puso muy contento al saber que la joven era una princesa de verdad. Y como la encontró muy bella y muy valiente, se enamoró de ella y le pidió que se _________ con él. La princesa aceptó y celebraron una gran boda. Y el guisante que había revelado el secreto fue guardado en el museo del castillo, como una prueba de que la princesa era de verdad.
La división se representa con el símbolo ":". Por ejemplo, 12 : 3 = 4.
Los términos de la división son:
Para entender mejor la división, podemos pensar en un ejemplo concreto. Imagina que tienes 12 caramelos y quieres repartirlos entre 3 niñas. ¿Cuántas caramelos recibirá cada niña?
Para resolver este problema, podemos usar la división. En primer lugar, escribimos el dividendo, que es 12. A continuación, escribimos el divisor, que es 3. Por último, calculamos el cociente, que es 4.
Por lo tanto, cada niña recibirá 4 caramelos.
Aquí también puedes descargar tu libro de matemáticas Libro taller matemáticas grado 2 A continuación podrás descargar un taller con ejerc...